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La cuestión de los toros

Artículo publicado en elplural.com
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La votación de esta semana en el Parlament de Cataluña, ilegalizando la tortura festiva contra los toros, es ya un hito histórico. Y lo es precisamente por ser esta fiesta un símbolo del país, con larga tradición y apoyada por algunos sectores de la sociedad (para nada mayoritarios). Ahora bien, reducir la identidad nacional española a las corridas de toros, como pretende el PP, es no sólo miope sino injusto con nuestra imagen de país en el mundo. En realidad, la imagen proyectada al exterior de los topicazos españoles nos ha perjudicado ya que siempre han solido redundar en que somos poco trabajadores, que estamos todos los días de siesta y viendo los toros, y esto merma la confianza de “lo español” fuera de nuestras fronteras a la hora de cerrar acuerdos.

Evocar a lo tradicional de la tauromaquia lo considero un argumento fácil e insostenible al mismo tiempo. Si repasamos la historia de la civilización, las tradiciones siempre han estado muy vinculadas a la violencia, y por eso de alguna forma, muchas veces no nos percatamos de esa violencia cultural en nuestros ritos (y no sólo en los taurinos), que legitimamos bajo el manto protector de la fiesta y la tradición.

Sin embargo, una muestra de desarrollo, de progreso histórico y de evolución civilizadora es ir superando y aboliendo esa violencia cultural y tradicional. Por tanto, desde el punto de vista humanista, es muy coherente y razonable eliminar la violencia de los símbolos sociales, de la alegría y de la fiesta colectiva.

En la Roma imperial era tradición y fiesta echar a pelear hasta la muerte a gladiadores entre sí o frente a fieras como leones. Eso en la Italia actual ya no es legal, y sin embargo, el gladiador sigue siendo un símbolo (romántico y comercial) de la península itálica, y esos episodios siguen estando muy vivos en nuestra retina gracias al cine y la literatura, sin necesidad de empujar a nadie a su muerte sangrienta por diversión.

La guillotina, por su parte, es también un símbolo de la Revolución Francesa, y a pesar de que el espíritu de dicha revolución es símbolo nacional en Francia (en sus monedas y timbre sigue apareciendo el lema “Liberté, Égalité, Fraternité”) no hace falta pasar a nadie por la guillotina para reivindicar lo francés. Eso ya lo tienen superado. Aquí creo que tarde o temprano pasará lo mismo: superaremos los toros sin complejos provincianos.

Y una vez que demos ese paso, en esa España en la que no se torturan toros por diversión y espectáculo, el toro bravo (al igual que la guillotina) seguiría siendo un símbolo nacional, por decirlo de algún modo, histórico y comercial, pero eso sí, sin daño con alevosía contra un animal.

Por estos motivos, creo que esta decisión del Parlamento de Cataluña es muy valiente y oportuna y puede servir de ejemplo a otras comunidades. En mi opinión, esto sería un paso civilizado y muestra de desarrollo de nuestra historia como país. Ahora bien, podríamos discutir también sobre una tercera vía: No prohibir las corridas como tales, pero si prohibir el daño contra el animal y su muerte como espectáculo. Creo que es un tema interesante para reflexionar este mes de agosto. Que pasen un mes estupendo, y hasta septiembre.

Comprender España

Publicado en elplural.com
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En realidad, este título le viene grande al artículo (podría titularse Díez no comprende España), ya que bajo el mismo, se podría escribir un ensayo en lugar de este modesto texto. Sin embargo, creo que es oportuno apuntar algunas ideas al respecto, en respuesta a la postura patriotera que Rosa Díez, diputada de UPyD, ha defendido en el Debate sobre el Estado de la Nación. Lo que ha unido, territorialmente hablando, estas semanas el mundial, lo desatan y echan por la borda personajes políticos de esta altura.

En primer lugar, habría que recordarle a la señora Díez que el Estatuto de Cataluña fue aprobado por una amplia mayoría en el Congreso de los Diputados y en el Parlament (lo que en democracia le otorga toda la legitimidad necesaria) y que además fue sometido a referéndum lo que le da ración doble de este ingrediente vital en política. En este sentido, y apoyándonos en el concepto clásico de Legitimidad en las Ciencias Políticas, se puede incluso afirmar (políticamente, no judicialmente) que este Estatuto, con estas credenciales democráticas, es muchísimo más legítimo, de cara a la ciudadanía, que cualquier fallo judicial venga de quien venga. No se me malinterprete: un Tribunal en democracia es plenamente legítimo y constitucional, pero quiero decir que lo que la gente vota directamente, y votan nuestros representantes tiene ese plus de legitimidad.

En segundo lugar, habría que enseñarle algo de Historia de España a la mencionada diputada por Madrid, para que no diga vaciedades en la Tribuna. En los libros de texto de los colegios e institutos se les enseñaba a los niños (no sé si lo seguirán haciendo, pero me temo que sí y dependerá de la Comunidad) que España nace como nación con los Reyes Católicos, como si en el siglo XV existiese siquiera el concepto contemporáneo de Estado-Nación (concepto surgido en el romanticismo, por cierto). Está claro que en todos los países se tunea la historia para hacer creer a los ciudadanos que tenemos una conexión mística, genética y visionaria con un pasado glorioso. El nuestro obviamente no es una excepción, pero al ser España un país de países, enseñar mal la historia de España a los Españoles traerá (viene trayendo ya desde el siglo XVIII con el primer Borbón y su visión centralista del Estado) consecuencias negativas, que más que fortalecernos y cohesionarnos como país, favorece precisamente el distanciamiento sentimental entre los territorios de la península.

Fijar el inicio de España en la unión matrimonial de Isabel I (de castilla) y Fernando II (de Aragón) es sencillamente una falacia. Durante todo el Reinado de estos católicos reyes (maticemos que el título de Católica Majestad se lo concede el Papa a Fernando) los distintos reinos peninsulares mantuvieron sus instituciones propias, sus propias leyes, y sus propias monedas, símbolos inequívocos del Estado-nación. Esto se mantuvo así durante toda la dinastía de los Austrias, dinastía que además de la península Ibérica controlaba también Milán, Flandes y Borgoña (entre muchísimos más territorios). Tenemos un ejemplo hoy día: aunque Canadá o Australia compartan rey o reina con Inglaterra, no se puede decir que sean el mismo país, sino que son países soberanos e independientes: eso ocurría de algún modo (y salvando las enormes distancias que no caben explicar en profundidad) en la España medieval y moderna.

Por otra parte, el terreno accidentado de la península que no facilita el moverse fácilmente de Andalucía a Navarra (salvo con importantes y modernas infraestructuras y medios de transporte) durante siglos favoreció diferencias subculturales en territorios próximos, y así por ejemplo en Euskadi encontramos distintos dialectos del euskera. Con esto que expongo no quiero negar la existencia de España, que es evidente, sino matizar qué significa España.

Nuestro país es muy rico culturalmente y tiene buenas posibilidades de futuro si hacemos bien las cosas, pero atendiendo a estas cuestiones lo que queda claro es que España no es una, sino muchas. Y esta es una de las grandezas de nuestro país y en sus diferencias está su ventaja competitiva. Por tanto, vamos a aprovechar nuestro equipaje común en la construcción del Estado-Nación, pero sin maniatar los sentimientos de ningún territorio.

Desafortunadamente para el parlamentarismo de España, la señora Rosa Díez tomó ayer en el debate el papel que le corresponde a la ultraderecha (como hace otras veces Rajoy), apoyándose tan sólo en el superficial y ridículo discurso patriótico, dejando de lado todas las cuestiones de gran calado y que realmente nos interesan. Oscar Wilde decía que “el patriotismo es la virtud de los depravados” y Shopenhauer que “todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a la que pertenece por casualidad”.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

Rajoy fomenta la corrupción

Artículo publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=48457

No se puede decir que Rajoy sea un corrupto porque no ha sido condenado por ello, y ni siquiera ha sido imputado como lo han sido centenares de sus amiguitos de partido. Y tampoco es esa mi intención. Lo que sí que se puede afirmar con rotundidad es que la actitud de Rajoy favorece y protege la corrupción y el comportamiento detestable de los corruptos de su partido, que ven como su líder se pone del lado oscuro, en lugar de estar del lado de la ley.

Un líder de verdad, un aspirante serio a la presidencia del país debe dar ejemplo y ejercer su autoridad para que se cumpla la ley y para que la ética esté por encima de los intereses bastardos y podridos de ciertos delincuentes con corbata metidos en política, aunque jueguen en su propio equipo. Si Rajoy favorece este laissez-faire estando en la oposición, imaginemos si alguna vez llegase a La Moncloa: el desparrame y la berlusconización de España sería irreversible. Ya sabemos, lección que nos ha dado el estudio de la historia de la política, es que los líderes incapaces fortalecen su posición permitiendo que sus subordinados y colaboradores roben a manos llenas.

Ha quedado de manifiesto que Rajoy es incapaz de ejercer el liderazgo en su propia casa, por tanto, invito a los militantes del PP a que empiecen a buscarse otro presidente, ya que con este señor con barba tienen muy crudo ganar las elecciones, y si las ganase, lo tendríamos muy crudo todos los españoles.

Y como ven, señores, no hace falta hablar ni de Ripoll, ni de Camps, ni de Martín Serón porque la corrupción se ha convertido desgraciadamente en el padrenuestro de cada día del Partido Popular, y por tanto, es inmoral y sangrante el argumento pepero de que existe una conspiración contra ellos. Lo ilegal no es que la policía detenga a políticos corruptos, señor Rajoy, lo ilegal es lo que hacen sus compañeros de partido.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

La porra del mundial

¡Esto si que es creatividad!

Fuente: http://bajolalinea.duplexmarketing.com/index.php/2010/06/la-porra-del-mundial/

Los grandes eventos deportivos son una magnífica plataforma para los anunciantes, que buscan asociarse a la notoriedad que se genera en torno a ellos. El problema es cuando todos los anunciantes lo intentan, porque se produce el típico efecto de la publicidad moderna: la indiferenciación por saturación. Vemos tantas campañas, tan parecidas, que no le hacemos caso a ninguna, y las mezclamos unas con otras sin saber que marca hay detrás.

En Duplex hemos recibido este año más de 10 briefings básicamente iguales: una campaña con temática fútbol que coincida en el tiempo con el Mundial (y, en la mayoría de los casos, sin pagar licencias). Lo mismo ha pasado con otras agencias, con la consecuencia de que las ideas, tanto las buenas como las malas, se han repetido muchísimo. Dos ejemplos:

  • Las campañas de “Si España gana, tu ganas”, como la de Mediamarkt, Toshiba o TomTom: compra un producto y si ganamos el Mundial, te devolvemos el dinero.
  • Las porras. Acierta los resultados y llevate un premio. Lo están haciendo al mismo tiempo Campofrío con sus pizzas y Telepizza!

Es lo malo de las ideas tópicas que gustan a todo el mundo: también le gustan al director de marketing de tu competidor.

La huelga y el papel de los sindicatos

Artículo publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=47731

Las huelgas han servido (y siguen teniendo su utilidad) como instrumento del movimiento obrero para presionar al poder y sentarle a negociar unas mejores condiciones laborales. Sin embargo, en la sociedad actual, los sindicatos no pueden permitirse el lujo de la huelga como único instrumento (aparentemente, ojo) para corregir la deriva de los acontecimientos. Si no se replantean los sindicatos seriamente sus estrategias y su gestión de la comunicación, cada vez lo van a tener más crudo y el capital más fácil para lograr sus intereses (tomando los términos de la economía clásica de capital y trabajo).

La huelga debe dirigirse correctamente contra el poder que no accede a las reivindicaciones justas de los trabajadores. En este sentido, si es en Europa desde donde se han tomado y obligado estas medidas, la huelga habría que hacerla en red todos los sindicatos europeos contra esta Europa, contra estos poderes especulativos, y tratar de utilizar a los gobiernos europeos como correa de transmisión en las reivindicaciones.

Ahora bien, esto es muy complicado porque en primer lugar los Gobiernos están asumiendo como propias estas medidas, y por tanto ponen su cara para las bofetadas, y porque en segundo lugar la estructura político-económica de Europa aún no la tenemos los ciudadanos interiorizada: que si Parlamento Europeo, que si Consejo de la UE, que si Comisión Europea, que si Presidencia (rotativa y permanente), etc. y en consecuencia seguimos entendiendo la política en clave de Estado-Nación con soberanía económica, y no afinamos bien el tiro a la hora de responsabilizar a los poderes. A esto habría que añadir una tercera cuestión: la incapacidad de reinventarse de los sindicatos en las dos o tres últimas décadas.

Si los Gobiernos torpemente asumen como propias estas decisiones, es normal que los sindicatos carguen en España, en Francia o en Alemania contra estos Gobiernos. Ahora bien, si estos mismos Gobiernos, honestamente reconociesen que han sido obligados a tomar estas decisiones, y que formar parte de la Unión Europea consiste en perder gran parte de la soberanía económica, ayudarían a los sindicatos a realizar su labor, y estarían haciendo pedagogía política hacia los ciudadanos y ayudarían a que entendamos mejor las nuevas reglas del juego político y económico con las que llevamos jugando en España desde 1986.

España (como otros muchos países de la Unión, incluidos Francia y Reino Unido) tenía previsto reducir su déficit de aquí a 2016, es decir pagar su crédito en 6 años en lugar de en tres, lo que supone más intereses, pero una cuota más baja, lo que daría más liquidez y permitiría respirar más cómodamente, como ocurriría en una familia. Sin embargo, Europa de repente dice que el crédito hay que devolverlo en tres años sí o sí, y por tanto los países se ven obligados a este aterrizaje forzoso y tienen que recortar donde no lo tenían previsto unos meses antes.

Pongamos el ejemplo de una familia que tenía previsto devolver su préstamo en 10 años, y le obliga su club financiero a devolverlo en 5, y por tanto los gastos mensuales en jamón de york se trasladarán a mortadela o a nada. Cuando algún miembro de la familia le pregunta al miembro que ha sido obligado por el banco o por el club a hacer estos recortes el porqué de esta situación, recibe la respuesta de “no te preocupes, esta decisión la tomo por tu bien, y así nos irá mejor en el futuro”. Como vemos, esta respuesta es la que daría una madre o un padre a un niño que no está preparado para entender estas cosas de adultos. ¿Piensan los Gobiernos europeos, suponiéndolos de buena fe, que somos sociedades infantilizadas? Al menos nos tratan como a tales, y si a un individuo no se le trata y considera como adulto, nunca lo será porque no se enfrenta honestamente a la realidad.

Estas medidas injustas las han decidido unos tecnócratas, pero han puesto de pantalla a unos gobiernos (da igual que sean conservadores o socialdemócratas) que son los que se comen el marrón. Es evidente que estas medidas se han tomado con Zapatero o con Rajoy, con Sarkozy o con Royal. Es un buen truco que ha debilitado la democracia alarmantemente (con el colaboracionismo intencionado o no de los Gobiernos, todo hay que decirlo), porque la gente se da cuenta de que lo que vota no importa a la hora de la verdad

Por consiguiente, las formas y usos del poder se han transformado y perfeccionado, y es por ello que la forma de hacer sindicalismo a la que estábamos acostumbrados ya no funciona, y debemos transformar y perfeccionar las herramientas de presión de los trabajadores. Por ejemplo, si la herramienta del sindicato es simplemente la decimonónica huelga, vamos de culo, porque el poder de verdad, quien ha decidido estas cuestiones, pasa inadvertido y sólo serviría para debilitar al gobierno de turno, y el siguiente gobierno no desgastado y aprovechando la ilusión de los nuevos aires, seguirá siendo un títere del poder real en estos asuntos.

Los sindicatos deben reforzar su rol de grupo de presión (Lobby), y contactar con las fuerzas políticas para que asuman muchas de las propuestas y posiciones de los sindicatos como propias (como hacen muy bien otros grupos de presión como la Iglesia Católica o la CEOE). No quiero decir que los sindicatos no lo intenten, pero su deber es hacerlo mejor. Y hacerlo mejor consiste en que no contacten con los grupos políticos para que simplemente voten en contra de las medidas, sino que adopten una posición proactiva, y que lleven bien estudiadas todo un catálogo de propuestas y alternativas viables, y que generen sólidos canales de comunicación con sus afiliados, quienes se verán representados en ese trabajo y esas propuestas.

Por tradición histórica, los sindicatos tienen más complicado presionar o influir directamente a la derecha, pero trabajar más y mejor la calle y los lugares de trabajo es viable, y la propia calle sí que tendría más posibilidad que el sindicato de influir en la derecha. Esto es lo que se llama lobby de raíz (o grassroot lobbying) y un buen modo de empezarlo sería con la participación de los trabajadores a través de la Red, hacernos ciberactivistas y no sólo pagadores de cuotas. De este modo se estarían creando cauces abiertos de comunicación con el sindicato y al mismo tiempo se vería al sindicato como interlocutor válido frente al gobierno y frente a otros poderes.

Un trabajador igual no va a la huelga porque no quiere perder ese día de sueldo, pero está indignado y estaría dispuesto a manifestar su malestar y a aportar un grano de arena para revertir la situación que considera injusta. Es evidente que los sindicatos están desaprovechando su capacidad movilizadora. Señores, si hay que hacer lobby, hay que hacerlo bien.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

Competencias interpretativas audiovisuales: entre la cultura textual y la alfabetización formalizada

Artículo del mes de junio publicado en Revista Latina de Comunicación Social
Enlace: http://www.revistalatinacs.org/10/art2/899_Bilbao/21_Idoyaga.html

Resumen: En este artículo se presentan los resultados de una investigación sobre los procesos de adquisición de competencias interpretativas de los textos audiovisuales entre adolescentes y jóvenes. Entendida tal competencia como la capacidad para comprender los sentidos connotados que hay debajo de los enunciados materiales de esos textos audiovisuales, la investigación comparó dos variables: la primera, la adquisición de tal competencia a partir de la experiencia personal y social en el consumo de productos audiovisuales (en lo que interviene la diferencia de edad); la segunda, las diferencias que marca la existencia de procesos formalizados de alfabetización audiovisual. La investigación, realizada a partir de “grupos de debate” de adolescentes y jóvenes estudiantes entra, desde ahí, a valorar el debate académico existente sobre estos procesos de adquisición de competencias interpretativas del audiovisual.

Autor/as:
Petxo Idoyaga, Amaia AndrieuEstefanía Jiménez

La Religión y las armas

Artículo publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=47496

Este no es un tema de actualidad realmente, sino centenario, que sin embargo invade la agenda de esta semana por el desasosiego e indignación de ciertos sectores católicos porque a su Cuerpo de Cristo no se le rindan honores militares. En realidad el asunto es de gran calado y demuestra como en algunos aspectos España y algunos de nuestros compatriotas no han salido del Medievo y del simbolismo de la Reconquista, teniendo incluso en Internet imágenes por satélite que demuestran que la Tierra es redonda.

Es razonable que en el Corpus no se rindan honores militares ni se toque el Himno Nacional (símbolos del poder político y civil y no del religioso) porque en teoría somos un país aconfesional, del mismo modo que no se toca la Marcha Real al comienzo del Ramadán, por ejemplo, a pesar de que miles de españoles sean musulmanes. Si esto no se corrige, las otras confesiones religiosas que están legalizadas en España tendrían el mismo derecho que la católica a este tipo de parafernalias superficialmente folclóricas.

Por tanto, los católicos deben entender que una cosa son sus símbolos y otra cosa son los símbolos del Estado que nos deben unir a todos, y por tanto deben estar desposeídos de connotaciones religiosas o de intereses particulares. ¿Cambiamos el Escudo de España por el del Real Madrid? ¿Tocamos el himno nacional para celebrar el éxito de ventas de Volkswagen, propietaria de SEAT? Pues obviamente no lo hacemos porque banalizaríamos los propios símbolos del Estado, y contribuiríamos a su fractura porque muchos ciudadanos se sentirían agredidos, avergonzados, o excluidos de esa vinculación simbólica contra natura.

Por eso, el hecho de que ciertos sectores católicos y del PP sigan empeñados en vincular los símbolos del poder civil con el religioso, rompe más España (cosa que parece que les preocupa tanto) que cualquier otra iniciativa, porque la rompe desde dentro, la rompe allí donde haya un ciudadano español que vea su bandera vinculada a los intereses particulares de su vecino y por tanto la rompe en Madrid, en Barcelona, en Málaga y en Pontevedra. Por ello, no deberíamos vincular los símbolos que nos unen a los que no nos unen porque terminaríamos por no tener simbólicamente nada en común, y sin símbolos compartidos no hay sociedad que se sostenga.

Pero todo este despropósito que se mantiene incomprensiblemente desde la muerte de Franco, no sólo es simbólico, sino también monetario, y es de responsabilidad ponerlo en conocimiento de la población en estos momentos de crisis y de recortes. Resulta que en nuestras Fuerzas Armadas hay todo un plantel de curas castrenses (es decir, curas guerreros o curas que bendicen la guerra, con galones y con distintos rangos de oficiales y jefes) que cobran sus grandes salarios del propio Estado (y digo grandes porque son más abultados en muchas ocasiones que el de sus homólogos comandantes y coroneles por ejemplo de artillería). Es decir, que de nuestros impuestos y bolsillos supuestamente laicos estamos pagando un cuerpo de sacerdotes del Estado incrustado en los Ejércitos. Y además, estos curas-militares-funcionarios, no han pasado ninguna oposición para desempeñar ese puesto. ¿No es incomprensible además de injusto?

Como ciudadano pido al Ministerio de Defensa que tome valientemente cartas en este asunto, y no sólo en el plano simbólico, sino en el económico también. Y debe hacerlo por una gestión adecuada del protocolo de Estado, por solidaridad en la crisis y por coherencia política. Igualmente todos los partidos políticos deberían apoyar esta cuestión, porque ayudarían a recortar gastos innecesarios en estos tiempos de crisis, y estarían contribuyendo a la cohesión del país, dejando cada ámbito de poder en su sitio.

Jesucristo dijo “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, mientras la Iglesia Católica defiende que lo que es de la Iglesia es de la Iglesia, y lo que es del Estado también es de la Iglesia. Tomen nota católicos indignados y jerarcas de la Iglesia de las enseñanzas de quien llamáis Maestro.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

Semiótica y comunicología

Nuevo número de la Revista mexicana Razón y Palabra.

PRESENTACIÓN

SEMIÓTICA Y COMUNICOLOGÍA: HISTORIAS Y PROPUESTAS DE UNA MIRADA CIENTÍFICA EN CONSTRUCCIÓN

El antropocentrismo comunicativo no ha impedido el desarrollo de los estudios evolutivos referidos a la comunicación; sólo los ha desaprovechado para la creación teórica. […] No tiene sentido que la Teoría de la Comunicación siga reproduciendo cortes artificiosos. El análisis de la información disponible permite emprender una tarea tan compleja como inaplazable: construir el marco teórico que necesitan los estudios de la comunicación para estar donde están las ciencias.
Manuel Martín Serrano (2007:XVII)

Cerca de una década después de que comenzara en México el programa de investigación que ponía al centro la posibilidad de la construcción de una ciencia de la comunicación y que heredaba por lo menos tres décadas de investigación sobre el tema, el escenario ha cambiado significativamente, y un elemento clave en este cambio es la emergencia de un diálogo interdisciplinar que se desarrolla en el espacio nacional e internacional de discusión científica. En México, el Grupo Hacia una Comunicología posible (GUCOM) planteaba desde una década atrás el proyecto de una Comunicología, mientras en Estados Unidos Richard Lanigan proponía a la Communicology como un nuevo espacio reflexivo casi dos décadas atrás. Si bien cada perspectiva es diferente en su trabajo genealógico, en su propia visión de lo que una ciencia general de la comunicación debe contener, en los límites epistemológicos y ontológicos de lo que supone la comunicación y, sobre todo, del lugar que una Comunicología ocupa en el diálogo contemporáneo de las ciencias, lo importante a resaltar es el movimiento posterior que ha implicado por primera vez un diálogo internacional que ha puesto al concepto y al tema en algunos de los foros internacionales más importantes.

Enlace a la revista: http://www.razonypalabra.org.mx/
Enlace a la presentación completa: http://www.razonypalabra.org.mx/N/N72/Monotematico/1_Presentacion_72.pdf

Los del PP reconocen que dicen barbaridades

Artículo publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=47301

Estamos acostumbrados, desafortunadamente, a diarias salidas de tono e incongruencias y maldades por parte de los dirigentes del Partido Popular. Con frecuencia me quedaba la duda de contrastar si esas barbaridades eran fruto de la ignorancia o de la maldad, y si ellos eran conscientes del daño de sus declaraciones. Esta semana hemos confirmado, por boca de Esperancita Aguirre, que son realmente ruines y conscientes de sus acciones.

Ayer o anteayer, Rajoy propuso reducir el gasto electoral a la mínima expresión, y esta declaración ha pasado de puntillas por toda la prensa española, siendo en realidad de gran enjundia y profundidad. Y es tan central este asunto porque está estrechamente vinculado con la igualdad de oportunidades, y por tanto esta propuesta contribuye al debilitamiento de la propia democracia.

Aunque la igualdad no exista, ni se quiera conseguir una igualdad en términos de homogenización al estilo un mundo feliz, es fundamental en las democracias el sagrado principio de la igualdad de oportunidades. No todas las personas, por ejemplo, tienen el mismo talento y capacidad para desarrollar una determinada profesión, sin embargo, el Estado ha de garantizar y trabajar para que todos los niños tengan acceso al sistema educativo y puedan llegar hasta donde sus posibilidades le permitan, sin influir en ello el poder adquisitivo de sus padres. Esto es irrefutable desde la perspectiva democrática y casi todos estamos de acuerdo.

En esta misma línea, y volviendo al hilo central del artículo, tiene sentido que en una democracia y en tiempos electorales, el Estado apoye económicamente a los partidos políticos que quieren concurrir a las elecciones, para que compitan en igualdad de condiciones a pesar de sus distintas cuentas corrientes. En este momento convulso, Rajoy lanza la propuesta populista de reducir al mínimo los gastos electorales. No concretó de qué forma, pero en cualquier caso esta reducción ahondaría más aún las diferencias (más que evidentes e injustas) entre los partidos “ricos” y que se pueden pagar una gran campaña electoral y publicitaria, y los partidos “pobres” que no tienen ni para pipas, ni para un triste cartel.

Esto lo dice el PP porque sabe que aunque no recibiese ni un solo euro del estado, tendría la campaña electoral más vistosa de todos los partidos, ya que al PP le sobra el dinero y está apoyado por grandes empresas y por numerosos medios de comunicación. Para que una democracia funcione bien, todas las propuestas políticas deberían presentarse a los ciudadanos en igualdad de oportunidades, cosa que no hay que ser muy lúcidos para comprobar que no ha existido siquiera en estos 30 años de democracia. Imaginemos si encima se recortan estos gastos: el PP perpetuado en el poder, a modo dictatorial, con la apariencia vil de parlamentarismo, y controlando la mayor parte de los contenidos audiovisuales.

Esto es una auténtica barbaridad, y ellos lo saben, y parece que entre Rajoy y Aguirre compiten para ver quién de los dos dice la barbaridad más gorda. La propia Esperanza Aguirre, el pasado 1 de junio, se jactaba ante Rajoy (en el Congreso de la empresa Familiar, y gracias a un travieso micrófono abierto) de la siguiente forma: “hoy he dicho barbaridades” en alusión a sus críticas a Zapatero. Más grave aún que estas palabras bárbaras, es que los muy puñeteros saben lo que hacen, y ha quedado manifiesto.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

Pronunciar la verdad

Artículo de Beatríz Gimeno publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=47181

Vivimos en un mundo curioso en el que hemos perdido muchas cosas pero estamos a punto de perder también la capacidad para percibir y entender la realidad. No sé cómo ha ocurrido que poco a poco ha llegado un momento en que la verdad no puede pronunciarse. En cuanto alguien dice la verdad, la verdad pura y dura, ésta siempre suena exagerada, suena no real. Ahora, a decir la verdad le llaman “hacer demagogia” pervirtiendo demagógicamente (perdón por la broma) el concepto en cuestión. Lo que se ha construido es una realidad ficticia en la que la verdad parece imposible siquiera de pronunciar. Lo explica muy bien Susan George en su libro El Pensamiento Secuestrado, que estamos inmersos en una batalla que es también cultural y que, me temo, la izquierda también está perdiendo.

Comenzaron cambiando las palabras y ocultando las realidades. Ya no había ricos ni pobres ni, por supuesto, explotadores y explotados, como mucho había “desfavorecidos”; ya no había capitalismo, ya no hay clases. Lo malo es que la pobreza y la clase se siguen clavando en determinados cuerpos más que en otros. El capitalismo, la clase, la pobreza, siguen matando, hoy más que nunca. A veces, incluso a quienes conocemos la realidad, nos resulta sorprendente leer textos revolucionarios o siquiera izquierdistas del XIX o del XX. El lenguaje es chocante, ahí se dicen cosas que hoy no se podrían decir en público sin levantar sonrisas y, sin embargo, una acaba de leerlos y lo que predomina es la sensación de que tienen razón, que no son exagerados ni enloquecidos, que en esos textos se explica claramente lo que pasa; que, salvando las distancias y los años, esos textos aun pueden explicarnos al menos una parte muy importante de la verdad.

El otro día me llegó por Internet un video de un soldado norteamericano que había luchado en Irak. En el vídeo el soldado se limitaba a decir con palabras muy claras lo que él había aprendido en esa guerra, simplemente decía la verdad: que los norteamericanos estaban allí defendiendo los intereses comerciales, petroleros, empresariales… no de los Estados Unidos, sino de los ricos de Estados Unidos, pero que los que mueren cada día son los pobres de Estados Unidos y los pobres de Irak. Es decir, lo que ya nos dijeron los revolucionarios del XIX, que la guerra la hacen los ricos para defender sus intereses y que los que mueren son los pobres, de uno y otro bando, a los que no les va nada en ello. Las palabras del soldado resultaban al mismo tiempo anacrónicas, -parecían sacadas de una película del XIX-, y absolutamente verdaderas. Que palabras que no han perdido una buena parte de razón resulten imposibles de decir sólo demuestra que en esa guerra cultural hemos perdido mucho terreno. Nos han convencido de que ciertas verdades son antiguas, pasadas de moda, cuando lo cierto es que son perfectamente contemporáneas.

Ahora el presidente de Alemania ha tenido que dimitir por haber dicho ni más ni menos que la verdad: que Alemania y todos sus socios (España incluida) estamos en Afganistán para defender intereses económicos. Las guerras defienden los intereses económicos y si no hubiera bastantes guerras habría que inventarlas, y de hecho se inventan, porque en algún sitio hay que usar y desgastar las armas que unos países venden a otros sin que exista el más mínimo control ni preocupación por en qué manos acaban o a qué causa van a servir. ¿Recuerdan hace unos días las pruebas de cómo el muy democrático Israel vendía armas a la entonces racista Sudáfrica? Después pretenden que nos indignemos porque Irán tenga o deje de tener la misma bomba atómica que tienen muchos otros países y que venderán, bajo cuerda, eso sí, a cualquiera que pague lo bastante. España misma predica la Alianza de no sé qué civilizaciones con una mano y fabrica y vende armas con la mano que le queda libre.

¿Recuerdan también cuando se dijo -¡ah, qué tiempos aquellos- que se iba a Afganistán para liberar a las mujeres del burka? Eso fue un poco antes de que se demostrara que malamente se puede luchar contra el burka allí cuando ni siquiera se sabe qué hacer con el burka aquí. Vivimos en una sociedad en la que la que la verdad se ha vuelto tan impronunciable que un político tiene que dimitir porque, por error, se le ha escapado. Esto sí que es insoportable.

Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB)