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El abogado de Urdangarín nos toma el pelo

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El abogado que defiende al marido de la infanta Cristina en el ‘caso Palma Arena’, además de tomarnos el pelo, demuestra en su discurso algunos deslices y argumentos que por un lado son cretinos y por otro dictatoriales.

Lo primero que es inadmisible, por parte del señor Mario Pascual Vives (abogado de Urdangarin), es arremeter contra la prensa por informar del caso. Resulta que este señor ahora quiere imponer una censura y esconder a la opinión pública un caso de tan trascendente importancia. Y he aquí el tic reprobador y autoritario de este señor.

Los medios de comunicación, cuando cumplen su sana función social, no sólo es que tengan el derecho a informar sobre este tipo de casos, sino que están obligados a hacerlo ya que se trata de que una presunta evasión de impuestos, lo que significa, a brocha gorda, robar dinero público, y porque además la persona imputada está familiar e institucionalmente ligada a la jefatura del Estado. Si no es noticia este caso que nos incumbe a todos como país, ¿dónde se encuentra entonces la noticiabilidad de lo que ocurre cada día?

Lo segundo es que este señor alega para defender a Urdangarin que su cliente ya ha pagado muchos impuestos. Mire usted, señor abogado, no sé donde se ha sacado el título o si realmente nos toma por imbéciles, pero los impuestos que se pagan no se pueden calificar como muchos o pocos (eso es muy subjetivo), sino que se miden por el baremo de lo que cada cual ha de pagar en función de lo que ingresa. Puede ser que un millón de euros sean muchos impuestos, es cierto, pero si tocaba pagar tres millones, entonces faltan dos y es delito evadirlos.

Por último, yo creo que usted no sólo nos toma el pelo a los ciudadanos, sino que también se lo ha tomado al señor Urdangarin, quien pudiéndose pagar un buen abogado, le ha contratado a usted. Si por el contrario usted simplemente está siguiendo instrucciones de su cliente, el caso es más grave aún. En sentido político.

Rosell y su circo de disparates

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Cuando Díaz Ferrán se fue por la puerta chica de la CEOE, pensé que dado que el empresariado en nuestro país se caracteriza por estar repleto de personalidades cultas, y por supuesto preocupadas por sus intereses particulares, la propia CEOE no volvería a caer en el error de nombrar un zote para que les represente y tire piedras en su propio tejado, minando gravemente el prestigio de las empresas españolas.

Parece que la patronal se ha convertido en un espectáculo, a modo de circo de los disparates, en el cual cada presidente tiene el cometido de superar al anterior en burradas, imprecisiones, clichés y mala leche.

Juan Rosell no tiene ni idea de cómo funciona la economía y ni el complejo engranaje social (eso es obvio a tenor de sus intervenciones), sino que además tiene los santos genitales de demostrarlo continuamente en sus apariciones públicas. En esta ocasión, en la que no puede menos que hacernos reír, plantea que para salir de esta situación habría que despedir a funcionarios.

Hasta un niño sin conocimiento de las oraciones subordinadas ni de la multiplicación con dos cifras, entendería que si el principal problema de un país es el paro, no se puede paliar tal asunto mandando a más trabajadores al desempleo. Es de cajón.

Además, dice que el sector público debe copiar algunas cosas del sector privado. Eso es cierto señor Rosell, pero hay que copiar bien, y eso significa copiar las cosas positivas y que funcionan, no copiar los despropósitos. De este modo, el sector privado debería proporcionar a los trabajadores estabilidad laboral y el sector público debería mejorar la productividad de sus empleados.

También, habría que recordar al señor Rosell que en una economía de mercado como la nuestra, el sector público y el privado no son primos hermanos porque se dedican a cosas distintas. El privado es la empresa, que proporciona bienes y servicios, y el sector público es el Estado, que se ocupa de facilitar el acceso a los derechos civiles y no compite, por tanto, con la empresa en vender bombillas o arreglar coches.

Me gustaría explicar al señor Rosell que de empresa tampoco tiene mucha idea. En tiempos de crisis quienes consumen y sustentan el músculo que le queda a una economía son quienes mantienen el empleo. Cuantas menos personas haya sin empleo, menos va a facturar mi empresa, ya que las empresas han dejado de vender productos porque sus compradores se han quedado sin trabajo. ¿Qué solucionaría entonces para los propios intereses empresariales que hubiese todavía menos posibles clientes en circulación?

Puestos a pedir despidos, y por el bien de todos, podríamos empezar a despedirnos de Rosell: ¡Hasta la próxima Juanito!

Alfonso Cortés

Saber lo que se vota

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Desde el 20 de noviembre, periodistas y ciudadanos se preguntan qué es lo que va a hacer Rajoy cuando sea investido presidente. Esta incertidumbre no debería darse para nada en una democracia representativa, como es teóricamente la nuestra, ya que se supone que el juego consiste en que los distintos candidatos de los partidos presentan sus propuestas y programas con anterioridad, en la campaña, y que la gente vota esas líneas de actuación que están detalladas a priori.

Un problema grave de las democracias en esta etapa de la historia, es que mucha gente vota sólo por las siglas sin tener en cuenta el contenido político de sus programas. Se da el fenómeno de que muchos ciudadanos votan a un partido político como si de un equipo de fútbol o concursante cantor de reality show se tratase. ¿Es admirable que legitimemos al presidente de un país bajo el grito televisivo y freak de “tú sí que vales”?

El problema no es sólo la falta de cultura política entre parte de la población (en unos países más que en otros) sino también que los propios partidos políticos fomentan esta filiación superficial y marketiniana a sus siglas. Por ejemplo, CiU en esta última campaña electoral ha escondido su programa para no perder votos, lo que supone un atentado a la inteligencia y a la honestidad de un pueblo. Y si el pueblo vota por tanto a estos ilusionistas, pues entonces nos estamos retratando todos como sociedad, seamos políticos, electricistas o periodistas.

El juego consiste en que primero se explica que se va a hacer claramente y por tanto si se reciben la mayoría de los votos, se está perfectamente legitimado para hacer lo que se tenga que hacer aunque moleste a muchos. Del modo actual se obtienen los votos escondiendo lo que se va a hacer en lugar de explicarlo antes, que es lo lógico. Así, aunque se tengan millones de votos y la legitimidad legal para gobernar, falta esa Legitimidad (con mayúsculas), basada en la verdad, la transparencia y la honestidad del contrato político entre ciudadanía y representantes y de misma.

La democracia, por tanto, está siendo atacada severamente desde distintos frentes: desde el exterior con las primas de riesgo y la voracidad de los mercados, y desde el interior con las triquiñuelas de los partidos políticos. Y todo esto ante la impasividad de gran parte de la ciudadanía.

Por consiguiente y por honestidad política lo que debería hacer Rajoy de inmediato, aunque no nos guste, es trabajar por sus posturas políticas que sí conocemos, y por tanto debería comenzar su mandato atacando al Estatut, aboliendo la ley del aborto y del derecho al matrimonio de todos los ciudadanos (sin importar el sexo o el credo), desterrando de las escuelas la “educación para la ciudadanía” y volviendo a convertir los bares y restaurantes en fumaderos para perjuicio de ciudadanos asmáticos, con problemas de corazón y niños.

Una amiga me decía ayer: “Pero tío, déjale tiempo a Rajoy que aún no ha empezado”. Todos mis respetos para tu opción política y para el señor Rajoy, pero ¿entonces no sabes qué has votado? Qué pena ejercer el derecho al voto movido sólo por la emoción transitoria o por el odio.

Alfonso Cortés González es vicedecano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga y profesor de Comunicación de las Instituciones Públicas y de Comunicación y Sociedad

¿es el fin de la democracia?

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Que la democracia se vaya al garete depende de muchos factores y de cómo reaccione la todavía ensimismada sociedad civil en toda Europa. Lo que es indudable es que estamos en un momento muy agudo, que presagia un cambio de ciclo importante, acompañado de nuevas formas de gestión del poder.

Dicen en los medios que vuelve la tecnocracia. Eso es falso, ya que la tecnocracia nunca se ha ido ¿o es que los ministerios no lo gestionan técnicos y especialistas (Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado)? ¿O es que gran parte de los ministros actuales en todo el planeta no son personas de gran formación? La gran diferencia es que los técnicos ahora los están poniendo en los cargos esos oscuros poderes cada vez menos escondidos, sin contar con el voto de los ciudadanos. Lo que al mismo tiempo supone un atropello a la legalidad vigente.

No me gusta, y nunca me gustó Berlusconi, pero su acceso a la jefatura del gobierno italiano fue mucho más legítima que el actual nombramiento de Monti, por la sencilla razón de que a Berlusconi le votaron los ciudadanos para gobernar Italia (aunque otra cuestión es preguntarse por qué le votaron). El argumento, por tanto, que esgrimen los adalides de esta nueva dictadura de los mercados y las primas de riesgo (que ya se han cepillado numerosos gobiernos democráticos), que ahora es el tiempo de los técnicos y no de los políticos, no cuela. Lo que se debería decir, sin eufemismos y abiertamente, es que ahora es el tiempo de “sus” técnicos y no de “nuestros” técnicos, es decir, el tiempo de los técnicos que coloca a dedo el poder de cuatro megamillonarios para servir a sus intereses particulares, por encima de los técnicos que colocan con su voto el 100% de los ciudadanos para servir a la sociedad.

Siguiendo este plan de propaganda del nuevo régimen, se canta a los cuatro vientos que el nuevo gobierno de Italia está formado por diplomáticos y profesores de universidad fundamentalmente. Pues como siempre. Siempre en los gobiernos y parlamentos ha habido gran número de profesores universitarios, diplomáticos y otros especialistas en sociedad. La única pero lamentable diferencia, insisto, es que quien nombra a esas personas para llevar las riendas de un país ya no es el pueblo, sino que son las cuatro grandes agencias de poder que hacen subir y bajar las primas de riesgo.

Lo triste es que parece que esta batalla entre democracia y dictadura financiero-mercantil la está ganando los intereses de la minoría ya que el grueso de la sociedad civil permanece entre impasible y temerosa en sus casas, sin saber realmente que es lo qué está pasando en nuestras sociedades. Este podría ser el principio del fin de la Política (de lo poco con mayúscula que queda de la política en Europa), y por tanto no estoy diciendo que vayan a cambiar mucho las cosas a partir de ahora, sino que ya vienen cambiando desde hace algún tiempo.

Esta crisis va a desembocar en un modelo político y de gestión de la autoridad y el poder muy distinto y diferente a los que hemos tenido anteriormente en la historia. Por tanto, para analizar este período hay que emplear nuevas herramientas de interpretación de los acontecimientos porque lo que se avecina, sea para bien o para mal, no es asimilable a ninguno de los regímenes políticos y económicos anteriores.

Esta encrucijada, por tanto, tiene dos posibles y obvias salidas: o bien sirve de revulsivo para que la sociedad civil tome conciencia pronto, se movilice y por tanto se regenere el sistema hacia un nuevo modelo de democracia participativa, o bien se sigua profundizando en esta “revolución sin pepinazos ni bayonetas” iniciada por los poderes financieros ante la falta de acción política unitaria en Europa. No volverá el fascismo, ni el colonialismo en su tradición formal, pero sí se está andando el camino hacia un régimen político donde la voz del pueblo vuelva a no ser tenida en cuenta.

Esto lo venimos advirtiendo y detectando mucha gente desde hace algunos años, y sin embargo el PP (que se autoproclama como el partido de los más capaces, de los más formados y de los más listos) es ahora cuando se empieza a dar cuenta de que la crisis es europea y que se escapa de las fronteras peninsulares.

¿Ahora se dan cuenta? ¿A pocos días de las elecciones?

¿Ahora se da cuenta Rajoy de que esta crisis no deriva directamente de la gestión del Gobierno?

¿Es lo más conveniente para nuestro país, en esta encrucijada, dar el gobierno a un señor que ahora es cuando empieza a darse cuenta de qué va el asunto?

Ojalá nos salgan bien las cosas. Mucha suerte a España y mucha suerte a Europa.

La cara de los diputados en alta definición

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La Mesa de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados ha aceptado hoy por unanimidad que sus señorías, en la próxima legislatura, dispongan de un iPad, de un iPhone 4 y de una línea de ADSL en sus casas. En principio, esto es totalmente habitual, ya que estos dispositivos son herramientas básicas de trabajo de casi cualquier persona hoy en día.

Sin embargo, uno se indigna cuando se detiene en la cuestión, y entiende que el problema de fondo no es el millón de euros que cuesta el juguete, sino las prestaciones de esta herramienta que solicitan. Resulta que los diputados y diputadas han aprobado por unanimidad que los requisitos mínimos que necesitan sus móviles son, entre muchísimos otros, la grabación en formato HD (es muy práctico que Rajoy pueda registrar en un video los pelillos de la coronilla de Duran i Lleida, y que Rosa Díez pueda hacer un montaje audiovisual sobre los poros de la nariz de José Blanco).

Además, indican por escrito que la calidad audiovisual debe ser de 30 fotogramas por segundo con sonido y con enfoque por toque, tanto en imagen fija como en movimiento. ¿Son sus señorías diputados en un parlamento o los responsables del foto finish en una pista de atletismo?

Igual puede ser que estas buenas gentes, inquilinos en la Carrera de San Jerónimo, sólo quieren esta cámara para dejar testimonio de la dura cara que tienen. Sin embargo, no hace falta documento gráfico al respecto. Con esta decisión de hoy, han quedado fielmente retratados.

¿No hay ni un solo diputado de los que nos representan que haya tenido ese mínimo de dignidad y ética para denunciar públicamente esta decisión?

El sueño de Rosell

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Probablemente Juan Rosell, presidente de la CEOE, al evocar aquella frase manida de que cualquier tiempo pasado fue mejor, se retrotraiga con egoísta ineptitud al siglo XIX, donde los trabajadores no tenían prácticamente ningún tipo de derecho. Y es ignorante su codicia porque a menor calidad de vida de los trabajadores, menor facturación global de las empresas (de la economía real), que fundamentalmente viven del consumo de los asalariados.

Es enero de 1855, una gélida madrugada. La verdad que no sé si es sábado, o lunes o jueves. Al fin y al cabo todos los días son exactamente iguales. Despierto a mi hijo de 11 años que está acurrucado bajo una vieja manta fría y roída. No hay tiempo que perder, a las 6 de la mañana ya tenemos que estar los dos trabajando en la fábrica, y don Francisco se enfadará mucho si no estamos al menos cinco minutos antes.

Ahora las cosas se han puesto más difíciles, porque mi hijo mayor, que tiene 14 años, está enfermo con tuberculosis y no puede trabajar. Sin su sueldo apenas tenemos para comer bien todos los días y mucho menos tenemos capacidad para comprar los medicamentos que él y su madre necesitan.

Me duele el pecho, y espero que sólo sea un resfriado y no la maldita tuberculosis, ya que día que no se trabaja, día que no se cobra, y ya mi familia tiene bastantes penurias como para que su padre se quede sin trabajo. Ya no tendríamos ni para la sopa de pan duro y ajo que comemos cada cena afortunadamente.

A las 9 de la noche, si nos dejan, saldremos de trabajar. Menos mal que mañana domingo es el único día que descansamos, y así puedo aprovechar para ir a la asamblea del sindicato que clandestinamente hemos montado los obreros, para contribuir en la planificación de nuestro programa de reivindicaciones. Demandamos una jornada laboral de máximo 12 horas diarias (ahora estamos trabajando entre 16 y 18), y estamos recaudando algo de dinero entre todos para crear un fondo solidario para cubrir las bajas laborales en caso de enfermedad.

No sé si he sido un inconsciente trayendo hijos al mundo para que se pudran en la miseria y sólo sirvan como mano de obra barata para patrones sin humanidad. Espero que con la lucha que estamos llevando a cabo miles de trabajadores en todo el mundo, quizás algún día, mis nietos puedan vivir con dignidad.

Esta es, por muy dura que pueda parecernos hoy día, una reconstrucción verídica de un día normal de cualquier trabajador de aquellos años. ¿Es este el sueño de cada siesta del señor Juan Rosell? ¿Creen los empresarios representados por este señor que la salida a la crisis de productividad pasa por volver a un sistema de trabajadores desamparados?

Parece que sí a tenor de las propuestas con que cada día se despacha la CEOE en estos últimos tiempos. No sé si el señor Rosell será ruin o simplemente un iletrado con más poder e influencia social de que la que se merece. Ante estos ataques y propuestas de la patronal contra los trabajadores se me ocurre responder son serenidad y sentido común.

Señor Rosell:
1. despedir más barato aún (ya mismo al que despidan va a tener que apoquinar por irse a su casa, si es que tiene la suerte de haberla pagado) sólo sirve para despedir con mayor facilidad y no para crear empleo. Ya tenemos suficientes parados en España. ¿Para qué quiere despedir tan fácil si lo que hay que hacer es contratar?
2. Cuantos más parados tengamos, más bajará el nivel de vida global de nuestro país y de este modo sería complicado mantener servicios públicos como educación, sanidad y pensiones de manera universal. ¿O usted cree que no es un derecho de todos el poder estudiar y tener salud?
3. Esto además se agravaría con la (también demandada por usted) bajada de impuestos a sus empresas, ya que habría que unir a la mayor necesidad de gasto social (más parados) un recorte en los ingresos del Estado que es quien gestiona y proporciona estos derechos sociales. ¿O es que ustedes no quieren colaborar en este momento difícil de nuestro país con una pequeña parte de sus enormes ganancias?

Señor Rosell, le recomiendo que estudie algo y lea sobre economía de verdad, y si ya lo hace hágalo mejor. Explique a la sociedad española si ha errado en sus precipitadas e indoctas propuestas o asuma honestamente que su proyecto y deseo es claramente volver al siglo XIX o sentirse como un magnate chino en la soleada España.

Los cuentos chinos y la esquizofrenia

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Los seres humanos tenemos una natural tendencia a la fantasía. Esta predisposición es muy sana, y ejercitarla resulta recomendable para mantener una buena salud mental y evadirnos, de vez en cuando, de los aspectos sórdidos de la realidad. Sin embargo, cuando la fantasía supera el umbral en el cual no sabemos distinguirla de la realidad, nos encontramos ante una situación realmente dramática y peligrosa, que se podría diagnosticar como una patología psíquica importante.

En este sentido, la gente puede asumir como real un montón de mitos, habladurías y chorradas que no tienen en absoluto ninguna relación con la realidad. Y si alguien cree que falto a la verdad o que hablo demagógicamente, les recuerdo el mito del perrito Ricky Martin y su lujuriosa ama en el programa de Isabel Gemio, o el falso rumor sobre la Oreja de van Gogh y su arenga proetarra en TVE, o la actual patraña de iluminados o ignorantes sobre que los chinos no pagan impuestos.

Pues bien, este ejercicio de creer cosas irreales suele tener, en muchos casos, un mismo origen: la intención de unos cuantos listos en aprovecharse de la ignorancia (y la tendencia a la fantasía al mismo tiempo) de otras personas en beneficio propio; sea desprestigiando un producto para que el de la competencia salga favorecido, sea vendiendo parcelas en el cielo, o haciendo circular falsos rumores sobre la política.

Los del PP y sus medios afines, han conseguido inocular el mito, en ciertos grupos de la población, de que el PP gestiona lo económico mucho mejor que los socialistas y que están hechos de otra pasta. Con esto no quiero hacer como ellos y decir que los socialistas están tocados por un don divino (al contrario, creo que se han equivocado y mucho), pero esto del que el PP gestiona mejor no es más que un cuento chino.

Para muestra unos cuantos botones: podemos hablar del fiasco y despropósito (por no tildar de gestión condenable) del aeropuerto de Castellón donde nos hemos gastado millones de euros para engordar las carteras de ciertas empresas y mantener un aeródromo sin aviones. O podemos hablar de sueldos desproporcionados en todas las administraciones que gestiona el PP, o si quieren podemos hablar de que el PP ha triplicado en Extremadura el número de familiares contratados a dedo, y así podríamos seguir con mil casos más que no sólo no caben en este artículo sino en toda la edición de hoy de este periódico.

Insisto, no quiero entrar en un discurso maniqueo de que unos son buenos buenísimos, y los otros malos malísimos por naturaleza, pero esto de que el PP gestiona mejor es una rotunda mentira, una mentira puede que intencionada, ignorante o quizás esquizofrénica.

Cuándo la esquizofrenia es personal se puede tratar con terapia y medicamentos ¿Qué hacemos cuando es social?

Rajoy tiene miedo

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La labor de oposición es la tarea más fácil que existe en política. Consiste, desgraciada y básicamente, en criticar cualquier decisión que tome el gobierno en cuestión. Además, la situación se agrava si el partido que está en la oposición, hace su labor sin argumentos sólidos y forjando un discurso a base de exabruptos taberneros, dando continuamente una respuesta demasiado fácil y simplona a problemas demasiado complejos. Este modus operandi opositor es una (entre otras muchas) de las perversiones de nuestras democracias.

Esta ha sido la forma de hacer oposición del señor Mariano Rajoy desde 2004. Ahora ha cambiado: tiene miedo y el mero hecho de verse en el sillón de las decisiones le descompone el vientre. Rajoy se ha dedicado durante los últimos siete años a ver el partido desde la grada y vociferar como un hooligan irresponsable. Ahora que la afición lo aclama para que meta goles, este aspirante a delantero centro es el primero que duda de sí mismo. Angelito el señor Rajoy que ahora se está dando cuenta que gobernar es un reto que da vértigo.

Un aspirante de verdad a primer ministro debe tener nervio, coraje y ganas de cambiar el mundo. Al menos antes de ser presidente, ya que La Moncloa se encargará irremediablemente de aplacar el furor adolescente de su pretendiente. Zapatero accedió al gobierno de forma temperamental retirando las tropas de Irak (decisión difícil que muchos creyeron en su día que no cumpliría), y está terminando su mandato con tibieza. Imagínense a un posible presidente como Rajoy que ya viene tibio de serie: vamos a estar congelados cuando se vaya.

Y un ejemplo de este miedo se ha visto en la prensa económica de hoy, donde aparece un Mariano Rajoy, que como quien descubre la pólvora, condiciona la actualización de las pensiones y sueldos a la situación económica. No nos jodas Mariano, ya que ese es el argumento que viene defendiendo tu enemigo Zapatero desde 2010 y que tú en incontables sesiones parlamentarias has dicho a los españoles que tú nunca lo harías, y que le darías la vuelta. Ahora tienes que dar la talla, no te debes escabullir, y este país no te permitirá otra cosa que actualizar las pensiones y subirnos el sueldo.

A menos que seamos un país de idiotas capaces de dar un cheque en blanco para que nos gobierne un vendedor de humo.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación y Sociedad y Comunicación de las Administraciones Públicas en la Universidad de Málaga

Pasado, presente y futuro del PP

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El Partido Popular es un partido político español nominalmente de centroderecha. Sin embargo, no sólo militan en él antiguos fantasmas del franquismo, sino que siguen vivos y con actividad política, renombrados políticos del antiguo régimen como Paco de la Torre o el mismísimo Manuel Fraga. Estos señores se pasaron a la Democracia una vez que ésta era caballo ganador. Pero, en fin, este es otro asunto.

Para no liarnos en el pasado, y no ser injustos con el partido que lidera Rajoy, echemos un vistazo a su plana mayor actual, ya libre de ataduras rancias y almidonadas de otros tiempos, y observaremos cómo nos encontramos ante un partido político ejemplar, a pesar de que su fichaje estrella y asesor en temas jurídicos, Juan José Cortés, padre de la niña Mariluz, anoche se liara a tiros con su familia política. Es parcial y leonino juzgar a todo un partido por el comportamiento de un individuo, así que voy a tratar de limpiar el nombre de este noble partido y trataré de demostrar como en el PP actual hay gente muy interesante:

Como referentes intelectuales del partido de la gaviota (algunos snobs nos quieren hacer creer que es un albatros) tenemos a Jiménez Losantos, propagandista hertziano condenado numerosas veces por mentir en los medios; a Hermann Tertsch, conocido por sus trifulcas arrabaleras a altas horas de la madrugada; al iluminado Pío Moa, cuyo currículum académico es haber formado parte de los GRAPO e intuírsele algún que otro resbalón violento; y al follachochitosdetreceaños Sánchez Dragó.

Como primeras espadas encontramos a González Pons, a Arenas, a Cospedal, a Saénz de Santa María y a Cristóbal Montoro, inspirados y guiados todos ellos por personajes de gran catadura política y personal como Aznar, Trillo, Camps, Zaplana, Cascos, y hasta el mismísimo fajín de Queipo de Llano.

Como representantes de la clase trabajadora nos quieren seducir con los encantos del caldito del puchero de Celia Villalobos o con la torta de José Antonio Monago. Y en el lado de los pijos están los Agag, los hermanos Costa y ese chico, llamado Nacho Uriarte, diputado por la cuota de Nuevas Generaciones, quien provocó (si recuerdan) un accidente de tráfico doblando la tasa de alcoholemia, y todo ello siendo vocal de seguridad vial en el Congreso.

Mi intención de describir un partido político modelo de buena praxis y principios éticos ha fracasado. La verdad es que no hace falta mirar al pasado del PP para asustarnos, sino que el presente ya es aterrador. Peor que su pasado y su presente juntos es el futuro que nos espera. En este sentido, fijémonos de nuevo cómo actúa su cantera, personalizada hoy en Juan José Cortés: resolviendo a tiros sus problemas familiares.

¿Qué harían con quienes no tenemos su sangre?

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación y Sociedad y Comunicación de las Administraciones Públicas en la Universidad de Málaga

No debemos renunciar a los sindicatos

Este título de “no debemos renunciar a los sindicatos” (al que habría que añadir: “sino que debemos mejorarlos”) viene a colación de una decisión del Gobierno balear que consiste en eliminar de un plumazo a todos los liberados institucionales de la Comunidad Autónoma. Hay quien, siendo trabajador, aplaude ignorantemente esta decisión que sin duda desequilibra los juegos de poder entre mano de obra y capital, y desposee a los trabajadores de un instrumento reconocido en la Constitución vigente.

El problema reside en que quien siendo un currante y apoya esta perversión de los conservadores, se queda sólo en la superficialidad del problema, ya que está atendiendo únicamente a su quizás mala experiencia personal con el sindicato o con el liberado sindical de turno. Sin embargo la cuestión es más compleja, porque si se suprimen los liberados sindicales, se están arrebatando a la clase trabajadora unos derechos fundamentales (como son asociarse y defender juntos sus intereses de grupo), que costaron sangre, esfuerzo y demasiado tiempo conseguir.

A pesar de todos los errores de los sindicatos, y de aquellos que se aprovechan del sindicato para su propio beneficio, este es el instrumento más útil que conocemos hasta el momento para equilibrar la fuerza de los trabajadores frente a los intereses particulares de la empresa. Esto es irrefutable. Por tanto, no nos dejemos embaucar por cantos de sirenas y gaviotas travestidas, y caigamos en la cuenta de que en realidad, los sindicatos no sólo son necesarios, sino que son un reflejo de la propia clase trabajadora.

Es duro decir esto, no lo niego, pero es que los sindicatos (tanto para bien como para mal) son lo que son fruto de las distintas actitudes que las personas podemos mostrar. Es decir y resumiendo: si un sindicato negocia bien un convenio es porque detrás hay trabajadores comprometidos no sólo con sus intereses particulares sino con los derechos generales de su colectivo. Si un liberado sindical vive del cuento es porque sus compañeros lo permitimos y no tenemos las agallas suficientes para botarle del puesto, y mucho menos tenemos la integridad moral (de la que tanto posiblemente alardeamos) de dar un paso adelante y de defender nosotros mismos los intereses de nuestro colectivo.

Por ello y concluyendo, creo que tenemos los sindicatos que nos merecemos. Pero ojo, opinar de este modo no significa estar en contra los sindicatos, sino que significa estar a favor, ya que la mejor atención que se le puede hacer a cualquier institución social es la crítica y autocrítica para mejorarla y para adaptarla a las necesidades de cada tiempo.

La cuestión, por tanto, no consiste en eliminar a liberados o renunciar a los sindicatos, sino en tomar conciencia y ser, nosotros los trabajadores, los primeros que les tiremos de las orejas a aquellos liberados ineficientes y sustituirlos por otros comprometidos. Otra cosa puede ser que ni los propios trabajadores estemos comprometidos con nosotros mismos…

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación y Sociedad y de Comunicación de las Administraciones Públicas en la Universidad de Málaga
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